En las noches de estrellas y de luna
del otoño que nace en el verano
el paisaje se vuelve más pampeano
y se adorna con cielo la laguna.
Hay un nuevo vivir en cada cosa
cuando en sombras el campo se levanta
y si es tenue la brisa silenciosa
hay bullicio en el grillo que le canta.
Es un mundo distinto y misterioso
el que crea la noche y sus estrellas
y aunque el alma del sol quede en las huellas
del poniente que vuelve a su reposo
el vivir en la sombra es más hermoso
y las horas ocultas son más bellas.
Tomas Niceto De Pablos
(Escritor achense)
viernes, 28 de diciembre de 2012
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Recordatorio a Socios
Aproximándose el final del año, invitamos acercarse a esta Institución a los socios que adeuden algún material (interesa recuperar el mismo ya que además de ser patrimonio de la Biblioteca, es constantemente requerido por otros usuarios: estudiantes, lectores, profesionales,etc.), pudiendo de esta manera obtener el beneficio de una placentera lectura veraniega e informándose de las últimas novedades adquiridas. ¡Desde ya muchas gracias!
HORARIO DE ATENCIÓN AL PÚBLICO:
7 horas a 12,30 horas
Agradecimiento por Donaciones de librosy material diverso recibidos
¡Muchas gracias! a :
Año 2011
Mechu Langlois
Parque Nacionales
Graciela del Valle Valdiviezo
Patricia Tamai
Sandra Cortez
Florencia Mailén Albarracin
Alina Gareis
Favio Fritz
Hernan Herrero
Año 2012
Mirta Thomas
Cecilia Reyes
Clide Chialva
Padre Anselmo, Parroquia La Inmaculada
Damián Bertuola
Graciela Moyano
Vanesa Vicente
Jorge Cabello
Jauregui
Martina Lutz
Silvia Verónica Morales
Julio Palazzo
Ninfa Juárez
Julio Bailoff
Enrique DeMeio
Cristina Arcuri
Julia Nieto
Ilda Arcuri
Año 2011
Mechu Langlois
Parque Nacionales
Graciela del Valle Valdiviezo
Patricia Tamai
Sandra Cortez
Florencia Mailén Albarracin
Alina Gareis
Favio Fritz
Hernan Herrero
Año 2012
Mirta Thomas
Cecilia Reyes
Clide Chialva
Padre Anselmo, Parroquia La Inmaculada
Damián Bertuola
Graciela Moyano
Vanesa Vicente
Jorge Cabello
Jauregui
Martina Lutz
Silvia Verónica Morales
Julio Palazzo
Ninfa Juárez
Julio Bailoff
Enrique DeMeio
Cristina Arcuri
Julia Nieto
Ilda Arcuri
domingo, 23 de diciembre de 2012
¡Felices Fiestas!
"Me vuelvo a mis pagos"
Me vuelvo a mis pagos.
No voy a quedarme a morir aquí.
Yo quiero un puñao´ de estrellas
y una cruz de palo de piquillín.
Y sentir la arena
que me va quemando bajo los pies.
Y los médanos gritando:
¡Al fin has vuelto aquí otra vez!
¡ LA PAMPA, mi gaucha provincia!
y GENERAL ACHA, mi pueblo natal...
que tiene su Valle Argentino
lleno de colores como una postal.
Me vuelvo...¡Me vuelvo a mis pagos!
Que suenen guitarras que quiero cantar.
Quiero volver a estar
al pie de la sierra, en Lihué-Calel;
en el Cerro de "La bota"
en "Cinco Jagüeles" y en "El Odre".
En "Chacharramendi"
En "La Japonesa"; en "Cuchillo-Có"
En la "Laguna La Amarga"
En "Pichi-Mahuida" y en "Curá-Có".
(Zamba) Letra y Música de Anita C. Gentile
No voy a quedarme a morir aquí.
Yo quiero un puñao´ de estrellas
y una cruz de palo de piquillín.
Y sentir la arena
que me va quemando bajo los pies.
Y los médanos gritando:
¡Al fin has vuelto aquí otra vez!
¡ LA PAMPA, mi gaucha provincia!
y GENERAL ACHA, mi pueblo natal...
que tiene su Valle Argentino
lleno de colores como una postal.
Me vuelvo...¡Me vuelvo a mis pagos!
Que suenen guitarras que quiero cantar.
Quiero volver a estar
al pie de la sierra, en Lihué-Calel;
en el Cerro de "La bota"
en "Cinco Jagüeles" y en "El Odre".
En "Chacharramendi"
En "La Japonesa"; en "Cuchillo-Có"
En la "Laguna La Amarga"
En "Pichi-Mahuida" y en "Curá-Có".
(Zamba) Letra y Música de Anita C. Gentile
sábado, 22 de diciembre de 2012
"No te salves"
No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelar el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juegas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
Mario Benedetti
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelar el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juegas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo
Mario Benedetti
viernes, 21 de diciembre de 2012
"Siempre hay una estrella"
Siempre hay una estrella
Una vez. Raulito se quedó a dormir en mi casa y fue grande su desilusión cuando al llegar la noche, él comprobó que no teníamos luz eléctrica.
Algunas velas y las llamas de la leña alumbraban apenas la casa. Mi padre trató de explicarle qué pasaba, pero Raulito no podía comprenderlo, y esa noche permanecimos despiertos, charlando sobre las ventajas de la luz eléctrica, hasta que el sueño nos venció.
Se acercaban las fiestas de fin de año y con los chicos organizamos una reunión para la Nochebuena. La mamá de Carlitos, como siempre, traería unos ricos tallarines caseros, mi máma prepararía pastelitos, y todos cantaríamos con Juan y su guitarra.
Invitamos especialmente a Raulito, y pensando en él, para esa noche preparamos más lámparas y velas que nunca.
Anochecía cuando lo vimos llegar. Corrí a darle la bienvenida, aunque confieso que quería saber qué traía, pues las dos cajas que bajó su padre del coche llamaron mi atención.
En la caja más chica había pequeños paquetes (con el nombre de cada uno de nosotros), eran los regalos para poner en el arbolito de Navidad. Nosotros nos miramos apenados, ni siquiera habíamos pensado en eso.
Pero todos queríamos saber qué había en la caja más grande. Raulito nos dijo entonces que como nosotros vivíamos a oscuras, él nos había traído la luz, que antes de salir de su casa había encendido las luces de su arbolito de Navidad y había colocado todo cuidadosamente en esa caja y que así tendríamos mucha luz, como en la ciudad.
Mis amigos se rieron y cada uno fue a buscar las velas para iluminar el lugar.
Raulito no les hizo caso y comenzó a sacar las lamparitas, mientras yo lo ayudaba.
Ya era de noche, las velas encendidas iluminaban la casa, y mientras acomodábamos las pamparitas y los adornos, mis amigos se burlaban de nosotros.
Cuando todas las lámparas estuvieron colocadas y ninguna encendió, Raulito se puso muy triste y yo también, no quisimos comer nada, y abrazados salimos al patio.
El cielo estaba nublado, el viento soplaba con fuerza y las velas se apagaron. Cuando todo quedó a oscuras, apareció en el cielo la estrella más brillante que jamás habíamos visto y en ese instante se hizo la luz, las lamparitas alumbraron el lugar, el arbolito resplandecía y mis amigos, sorprendidos y asustados, enmudecieron de asombro.Fue inolvidable.
Raulito me miraba con su cara iluminada, y sonreía.
Parece que, cuando alguien quiere llevar la luz, siempre hay una estrella que ilumina.
Pancho Aquino
Voy a contar una historia que sucedió hace muchos años.
En aquellos tiempos, mi vida en el campo era como la de todos, levantarse con la salida del sol y acostarse al atardecer.
Por las noches, se podían adivinar las tenues luces de los ranchos cercanos... alguna lámpara o unos leños encendidos, temblorosos en la inmensa oscuridad.
Mi casa estaba a unas veinte cuadras del primer asfalto, un caminito cruzando el campo servía para acortar distancia.
Yo tenía por entonces, un amigo muy especial, Raulito, un chico muy bueno, capaz de compartirlo todo.
Venía a jugar a la pelota o salíamos a cazar cuises con la gomera; hoy estoy contento por mi mala puntería: nunca le pegué a ninguno.
Recuerdo que al atardecer, su padre llegaba a buscarlo en el coche más lindo que yo había visto jamás y, cuando se iban, me dejaban una bolsa con golosinas o algún libro.Una vez. Raulito se quedó a dormir en mi casa y fue grande su desilusión cuando al llegar la noche, él comprobó que no teníamos luz eléctrica.
Algunas velas y las llamas de la leña alumbraban apenas la casa. Mi padre trató de explicarle qué pasaba, pero Raulito no podía comprenderlo, y esa noche permanecimos despiertos, charlando sobre las ventajas de la luz eléctrica, hasta que el sueño nos venció.
Se acercaban las fiestas de fin de año y con los chicos organizamos una reunión para la Nochebuena. La mamá de Carlitos, como siempre, traería unos ricos tallarines caseros, mi máma prepararía pastelitos, y todos cantaríamos con Juan y su guitarra.
Invitamos especialmente a Raulito, y pensando en él, para esa noche preparamos más lámparas y velas que nunca.
Anochecía cuando lo vimos llegar. Corrí a darle la bienvenida, aunque confieso que quería saber qué traía, pues las dos cajas que bajó su padre del coche llamaron mi atención.
En la caja más chica había pequeños paquetes (con el nombre de cada uno de nosotros), eran los regalos para poner en el arbolito de Navidad. Nosotros nos miramos apenados, ni siquiera habíamos pensado en eso.
Pero todos queríamos saber qué había en la caja más grande. Raulito nos dijo entonces que como nosotros vivíamos a oscuras, él nos había traído la luz, que antes de salir de su casa había encendido las luces de su arbolito de Navidad y había colocado todo cuidadosamente en esa caja y que así tendríamos mucha luz, como en la ciudad.
Mis amigos se rieron y cada uno fue a buscar las velas para iluminar el lugar.
Raulito no les hizo caso y comenzó a sacar las lamparitas, mientras yo lo ayudaba.
Ya era de noche, las velas encendidas iluminaban la casa, y mientras acomodábamos las pamparitas y los adornos, mis amigos se burlaban de nosotros.
Cuando todas las lámparas estuvieron colocadas y ninguna encendió, Raulito se puso muy triste y yo también, no quisimos comer nada, y abrazados salimos al patio.
El cielo estaba nublado, el viento soplaba con fuerza y las velas se apagaron. Cuando todo quedó a oscuras, apareció en el cielo la estrella más brillante que jamás habíamos visto y en ese instante se hizo la luz, las lamparitas alumbraron el lugar, el arbolito resplandecía y mis amigos, sorprendidos y asustados, enmudecieron de asombro.Fue inolvidable.
Raulito me miraba con su cara iluminada, y sonreía.
Parece que, cuando alguien quiere llevar la luz, siempre hay una estrella que ilumina.
Pancho Aquino
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